lunes, 22 de marzo de 2010

Un paso contra la censura en China

Google ha anunciado que a partir de ahora los usuarios chinos de su buscador serán remitidos al de su compañía en Hong Kong, que no se encuentra bajo la censura del gobierno socialista. El gigante empresarial de Internet se enfrenta así al gigante asiático y da un paso que le puede sacar del espacio cibernético de ese país pero que acaba con su silencio ante la opresión de dicho estado.
Aunque Google pueda perder una importante cantidad de usuarios, esto mejora su imagen, ya que resulta muy paradójico que nos topemos con un caso de censura en un espacio virtual que fue creado para compartir contenidos e ideas y donde la libertad de expresión siempre ha sido la protagonista aunque haya tenido sus más y sus menos con los diferentes gobiernos de los estados del mundo (tan triste como cierto).
En definitiva, este movimiento de la empresa estadounidense de buscadores de Internet que se ha expandido por el ciberespacio rompe una importante lanza en favor de la libertad de expresión al ponerla como condición sine qua non para disfrutar de sus servicios (de los más eficientes dentro de su campo en las nuevas tecnologías).

sábado, 6 de marzo de 2010

Censurando la denuncia

En las últimas semanas estamos asistiendo a un espectáculo en el panorama político y judicial un tanto decepcionante. Ahora que ya no hablamos diariamente de la corrupción del Partido Popular en el caso Gürtel porque parece ser que todos hemos asumido la culpabilidad de los implicados (que quedará castigada en mayor o menor medida, pero parece que ya se ha extendido por casi todas las mentes españolas) aparecen casos de censura hacia aquellos que condenan las acciones de los implicados en las tramas que se sancionan como injustas.
Hará ya cosa de un mes que se elevó una denuncia contra el juez Baltasar Garzón y se le puso en el ojo del huracán por su implicación de cara a la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica, que muchas personas apegadas al antiguo régimen o cuyas familias lo estuvieron se muestran reticentes a aceptar. Y ahora el Partido Popular valenciano reacciona ante una exposición fotográfica en la que aparecían imágenes relacionadas con el caso Gürtel retirando estar imágenes. La Federación de Asociaciones de la Prensa de España ha respondido denunciando la censura que supone la retirada de estas instantáneas.
Y es que parece ser que el Partido Popular busca limpiar su imagen lo máximo posible y evitar la mancha que supone en su dignidad la existencia de casos de este tipo. Pero ¿es la forma correcta de ello enterrar la desagradable realidad y apartar la verdad de los oídos y ojos de la gente?
Probablemente se resarcirían si en lugar de proteger y ocultar a los culpables se les repudiara y se les hiciera cargar con la carga de sus actos. La mancha del delito no se limpia escondiéndola, sino precisamente condenándola y apartándose de ella. Lo correcto no es cerrar filas alrededor del culpable y acusar a quien carga contra él, sino acusar al culpable y apoyar a quien le condena.

lunes, 1 de marzo de 2010

Discreta profesionalidad contra protagonismo polémico

Ayer pude ver la primera parte del Atlético de Madrid-Valencia, partido que se saldó con un 4-1 no exento de polémica. El gol valencianista llegó tras una jugada en la que se hizo penalti en el área contraria que el colegiado no vio, y el marcador colchonero fue abierto por un penalti que sí pitó el árbitro, pero sólo tras las airadas protestas de los jugadores y el testimonio del cuarto árbitro (ese que está al lado de los banquillos y que generalmente no parece hacer nada especial). Ante esta imagen, a la que cualquier aficionado del fútbol está más o menos acostumbrado, y ante el hecho de que el VI Naciones de rugby está disputándose, vino a mi cabeza la clásica discusión: ¿por qué en fútbol no se trata de eliminar los errores arbitrales con tecnologías como las que se usan en el rugby?
En el "bárbaro" deporte que enfrenta a treinta moles musculosas en un terreno de juego, los árbitros están auxiliados por otro compañero que en lugar de estar a pie de campo está en una sala, rodeado de monitores, para ante cualquier duda del colegiado resolverla con la mayor solvencia. Así se evitan fallos como dar un ensayo cuando el balón no ha llegado a posar en la línea (algo muy corriente, ya que no es raro ver a un jugador llegando a este lugar y sufriendo el placaje de dos o tres contrarios) y el juego puede transcurrir con total transparencia, transparencia también propiciada por el hecho de que el árbitro lleva un micrófono con el que anuncia por megafonía en todo el estadio las sanciones que decide tomar contra cada equipo, lo que permite a los aficionados saber qué pasa en cada momento.
Pero al fútbol parece no interesarle esto. Los árbitros de rugby son meros jueces que tan sólo evalúan hasta qué punto es un placaje falta o no, o cuando un jugador ha ido demasiado lejos y debe sancionársele con una tarjeta. Pero un árbitro de fútbol es mucho más que eso. Es un protagonista del partido, ya que en su vista y su juicio queda el completo devenir del partido, y lo que con una repetición televisiva puede ser una segunda amarilla para el delantero por tirarse, se convierte en el penalti que da la victoria al tramposo. O ese balón que se pasea por dentro o fuera de la línea de gol, y el árbitro decide cambiarlo de lado. Todo esto se puede prevenir con ayuda de tecnologías ya existentes, pero a los colegiados futbolísticos no les interesa. Ellos son parte imprescindible de ese deporte y no quieren pasar a un segundo plano. No quieren estar por detrás de los jugadores, como pasa en rugby. Porque tal vez entonces no cobrarían lo mismo.