sábado, 11 de septiembre de 2010

Una vía equivocada

Es 11 de septiembre. A la mente de muchos seguro que viene el recuerdo del incidente que ocurrió en esta misma fecha en 2001. El impacto contra las torres gemelas de dos aviones que habían sido secuestrados por integrantes de Al-Qaeda. En la fecha del noveno aniversario de tan funesto incidente debemos ofrecer nuestras condolencias a los familiares de las víctimas, aunque sea silenciosamente, y desear con todas nuestras fuerzas el fin de la violencia y de las muertes de inocentes en el mundo.
Sin embargo, hay gente que ante el recuerdo de esta tragedia reacciona de manera distinta y se mueve más por el odio que por la pena. Este es el caso del pastor evangelista Terry Jones, del estado de Florida, que ha propuesto la quema de ejemplares del libro sagrado musulmán, el Corán, como una supuesta muestra de agresividad, un intento de mandar a los radicales islámicos el mensaje de que "si ellos nos atacan, nosotros les atacaremos también". Esta propuesta, por un lado, ha sido seguida por unos 50 seguidores según los medios de comunicación. Por otro lado sin embargo, ha sido condenada por políticos, cargos del ejército estadounidense, instituciones como la OTAN, e incluso el propio Vaticano, ya que sólo conducirá a aumentar la tensión existente con los países islámicos.
La iniciativa del párroco norteamericano supone un gesto hostil hacia la cultura musulmana y si llega a llevarse a cabo tendrá una serie de consecuencias. Entre esas consecuencias, multitud de mandos militares y analistas coinciden en que supondrá la muerte de un mayor número de soldados en estos países.
La quema de coranes implica posicionarse como enemigo de los musulmanes, alejándose de la idea de concordia y estabilidad que los organismos internacionales y el gobierno estadounidense busca con la política en Oriente Medio. Supone dar razones a los extremistas islámicos. Reafirmar su posición poniendo frente a ellos a un rival al que podrán representar con mayor facilidad aún: ese que quema el libro cuyas enseñanzas veneran.
Por todo esto, se deben abandonar ideas como esta, ancladas en un sentimiento de odio y rencor que sólo nos llevará a una espiral de violencia con la que nadie saldrá ganando. La respuesta ante el 11-S no es insultar a la religión musulmana ni agredirla, sino tender la mano para que comprendan el error de tales actos. Como dice la Biblia, "si alguien te golpea, pon la otra mejilla". No busques la confrontación. Muestra que la violencia no llega a ninguna parte, pero si la comprensión. Por tanto, no debemos actuar con violencia ante las agresiones de los terroristas islámicos, sino mostrarles que no es el camino y que los occidentales no somos los enemigos. Mostrar que lo importante de la religión musulmana es que predica el auxilio a los desamparados y la buena convivencia en comunidad, valores que también comparte el cristianismo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Hipocresía

Durante las últimas semanas nos han llegado a través de los medios dos noticias sin aparente relación: la condena a morir lapidada de Sakineh Ashianti, viuda de 43 años acusada de adulterio, y cuya ejecución ha sido detenida e incluso revocada gracias a la presión internacional, y por otro lado la expulsión de los rumanos y búlgaros de etnia gitana establecidos en Francia. El primero de los dos casos, el de la iraní Sakineh, ha traspasado las fronteras del país islámico gracias a los esfuerzos de su primer abogado (que tuvo que huir a Turquía tras pedir ayuda a la comunidad internacional) y ha motivado el apoyo de todas las instituciones internacionales, así como de la mayoría de líderes políticos. El segundo caso, el de la expulsión de gitanos de Francia, es más reciente aún y está levantando ampollas en la Unión Europea, que trata de evitar estos hechos ya que suponen una violación de los acuerdos de libertad de movimiento para los trabajadores dentro de dicha organización interestatal.
Ambas noticias no parecen tener relación alguna. Sin embargo, hay un nombre relacionado con ambas: Nicolas Sarkozy. El presidente francés, que está siendo tan cuestionado en el seno de la Unión Europea, brindó hace pocas semanas su apoyo a Ashianti y la declaró responsabilidad de Francia. Denunció la barbarie de la legislación iraní y reclamó el derecho a la igualdad entre sexos que tan poco extendido está en el mundo islámico.
Por tanto, se ha podido ver así la doble moral del político francés, que por un lado lucha junto con toda la comunidad internacional por los derechos de las mujeres en lugares lejanos de sus competencias y por otro expulsa del país a familias enteras por pertenecer a una etnia determinada. Hemos visto bajo su mandato como se daba lugar a múltiples propuestas de un carácter xénofobo o muy poco respetuoso con otras culturas, como ha sido el contrato que todos los inmigrantes deben aceptar en dicho país o la prohibición del velo. Y ahora se dedica a desmantelar poblaciones gitanas mientras brinda su apoyo a una mujer en problemas que está a cientos de miles de kilómetros de distancia de Francia.
En conclusión, aunque el apoyo a la viuda iraní acosada por la justicia de su país sea un gesto loable, enmarcado en el contexto de su política interior parece ser un lavado de cara con no muy buen resultado. Una oportunidad para mostrar otra cara a la comunidad internacional. Sin embargo, esa cara se muestra falsa y le hace perder credibilidad en lugar de ganar en humanidad.