lunes, 28 de marzo de 2011

Generación ni-ni

Resulta usual escuchar como se designa a la generación joven actual con un término un tanto burlón: generación ni-ni. Esa generación que ni estudia, ni trabaja, o de la que al menos una gran parte de sus miembros no hace ninguna de las dos cosas. Sin embargo, el hecho de que muchos de estos jóvenes ni estudien ni trabajen no se debe a que estos sean unos vagos, sino a la situación actual del mercado laboral y de la economía en general.
Hasta ahora, en todas las generaciones ha habido una inmensa mayoría de jóvenes estudiantes o trabajadores por la simple ecuación que los padres generalmente han aplicado: “o estudias, o trabajas”. Esto, por supuesto, en caso de que hubiera recursos suficientes para que el joven pudiera elegir y no tuviera que dar irremediablemente con sus huesos en el mundo laboral.
Sin embargo, hoy en día nos encontramos con una situación diferente. Muchos más jóvenes tienen la posibilidad de estudiar, aunque no es así para todos. Un importante porcentaje lleva a cabo algún tipo de estudios. Unos brillantemente y otros cuya economía familiar puede permitirse la pérdida de una beca, con más pena que gloria, pero todos estudian. Otro gran porcentaje trabaja, ya que ha considerado esta salida como mejor que el estudio, ya que “se le daba mal estudiar”. Y otro sector de la población querría estudiar, pero la incapacidad de pagar unos estudios de su economía familiar y la imposibilidad de conseguir una beca, o la imperiosa necesidad de ingresos de su familia, les aleja de este mundo. En otras épocas, esto no era un problema. Pero hoy en día, con un mercado laboral saturado por profesionales de diferentes edades deja a los jóvenes sin cualificación fuera del juego. Ese sector de jóvenes que no pueden estudiar por razones económicas en muchos casos se topa con esa saturación del mercado y se da la tragedia: otro ni-ni más. Y uno que no lo es por interés y por tener su vida solucionada.
Se antojan necesarias medidas para ayudar a ese colectivo. Ese colectivo que estaba llamado a ser el futuro de nuestro país pero que ve como las inclemencias del mercado le dejan fuera. A esos trabajadores a los que si se diera una oportunidad, seguro que construirían un gran futuro para esta nación.

sábado, 26 de marzo de 2011

Mano dura

Apunto de cumplirse el tercer mes de mandato de Dilma Rousseff en Brasil, la sucesora de Lula da Silva ya luce de manera similar en las encuestas a como el carismático ex-líder de la nación brasileña. Una aceptación igual que la que Lula tenía en su tercer mes al frente del país muestran que el trabajo que la nueva presidenta del gobierno está desarrollando unas políticas efectivas y que están llegando y agradando al pueblo brasileiro.
Rousseff ha demostrado ser algo más que su sucesora, ser una mujer con ideas propias y con una gran capacidad para dirigir un país. Algunas de sus medidas se han alabado y otras han sido criticadas. Pero ninguna ha encontrado tanta aceptación en el pueblo como la exigencia que ha implantado entre los ministros, a los que se les pide asistir a una serie de comparecencias en las que deben dar cuentas de su trabajo. Esta medida ha sentado mal a algunos políticos brasileños, que ahora deben trabajar en lugar de estar repatingados en un sillón, pero ha encandilado al pueblo, ese pueblo que renegaba de ella por su origen de clase media-alta en contraposición al origen humilde de Lula.
Y es que la dirigente sudamericana ha sentado las bases de un modelo político que puede significar grandes avances para su país. Hace poco, hablaba ella misma de que Brasil está dando importantes pasos hacia el bienestar económico y social pero aún le queda un largo camino por recorrer. Y la mejor manera es que la clase política, crucial para el desarrollo de un país y el reparto de sus riquezas, trabaje como se supone de su cargo en lugar de dormitar en un despacho.
Supongo que es mucho pedir, pero tal vez algunos otros políticos podrían aprender de la presidenta brasileña. A las ventajas legales que suponen ser político en nuestro país (por ejemplo, el derecho a pensión en su máximo porcentaje con una cotización mucho menor de la normal) se suma el hecho de que muchos de ellos se toman la política como un juego, sin responsabilidad ninguna. El clásico estereotipo del funcionario bien se podría extender a muchos políticos (no a todos, que quede esto claro). Con políticos que se ausentan de las reuniones y que no prestan atención en el Congreso, difícilmente puede un país afrontar con firmeza una crisis económica, como cualquier otro contratiempo de la índole que sea. Quizás, habría también que apretarles las tuercas a algunos políticos más al estilo Rousseff.

martes, 22 de marzo de 2011

Raseros desiguales

La ONU aprobó hace unos días la resolución para la creación de la zona de exclusión aérea con la que ya están combatiendo en Libia a las fuerzas del dictador Muhammad Al Gadaffi. La ONU apoya así a los rebeldes libios, que han visto como las fuerzas de sus gobernantes bombardeaban a los civiles de su propio pueblo, como marca la ley de la Responsabilidad de Proteger. La comunidad internacional defiende así los derechos humanos de un pueblo que estaba sufriendo la tiranía con que le azotaban sus dirigentes.
Sin embargo, como dice en su blog Gonzalo Fanjul, no se alcanza ninguna resolución para actuar en otros múltiples países del mundo que están en una situación similar o aún peor. Ni siquiera se vota si entrar en acción en ellos o no. Países como Myanmar, Sri Lanka o Sudán viven con la muerte de civiles como parte de su día a día y nadie interviene. El Global Centre for the Responsibility to Protect estima que en estos momentos hay diez países en los que se debería actuar. Y sin embargo, sólo se participa en el conflicto en Libia.
La iniciativa internacional es loable por la defensa de la población libia que significa, pero es criticable el diferente rasero que se aplica para unos países y otros. Hay que defender los derechos de la población, pero no sólo la de los países que tengan petróleo en su subsuelo, sino también la de los países del África negra en los que los encarnizados conflictos étnicos que se dan desde la época colonialista se cobran víctimas casi a diario, o la de los países del sudeste asiático, olvidado desde hace décadas entre dictaduras que no estorban ni ofrecen nada a las democracias occidentales. La comunidad internacional debe elevar el mensaje de respeto a los derechos humanos sobre las cabezas de todos los dictadores, no sólo de los que les convengan.

lunes, 21 de marzo de 2011

Realimentando el bipartidismo

Hoy ha salido a la luz una gran noticia que dará muchas alegrías a todos los españoles: la Junta Electoral Central reformará la Ley Electoral. La televisión dará cabida en sus contenidos y debates a todo el conjunto de partidos políticos que se presenten a las elecciones... y hayan tenido cierta representación parlamentaria en las anteriores.
La reforma que plantea la Junta Electoral Central consiste en que el tiempo dedicado en televisión a los diferentes partidos se base en la representación parlamentaria conseguida en las elecciones anteriores, aunque sin cerrarle las puertas a partidos que no hayan conseguido representación o que se presenten por primera vez. Y además, ahora se podrán incluir el tipo de contenidos que hasta ahora hemos visto en las épocas de campaña electoral fuera de dichas fechas.
Lo que esto significa es que seguiremos viendo en las pantallas de nuestros televisores haciendo campaña a candidatos del PSOE y del PP, ahora también sin que estemos en periodo electoral, y muy ocasionalmente tendremos la suerte de que asome su cara alguno de IU, UPyD, CIU o PNV, y tal vez, si hace alguna barbaridad gigantesca, algún candidato de un partido nuevo. Por tanto, nos sabremos al dedillo las propuestas de los dos grandes partidos (que supongo que no variarán mucho de las actuales, basadas en el "y tú más" que todos conocemos de nuestra infancia) y cuando vayamos a rellenar las papeletas electorales nos encontraremos con que, para nuestra sorpresa, existen más partidos. Lástima que no sabremos cuál es su programa, y tendremos que votar al fulanito o menganito de siempre. Pero bueno, en definitiva, un gran paso más hacia una democracia plural en la que la opinión de todos y cada uno tenga cabida.