jueves, 7 de febrero de 2013

Cuestión de soberanía

La independencia de Cataluña ha ocupado durante los últimos meses un lugar preferencial en los medios, además de en las conversaciones (muchas de ellas con los distinguidos contertulios que encontramos en las barras de los bares a lo largo del país). Los argumentos se suceden, si bien fuera de la región suelen prevalecer aquellos en contra de la secesión, y se alcanza la armonía cuando todos los tertulianos critican al diferente. Sin embargo, muchos de ellos son erróneos o tienen un fundamento escaso.
Pero no es esto lo que me ha alterado lo suficiente para volver a escribir en este blog tras meses (inactividad por la cual me excuso, junto con la extensión de esta entrada), sino el hecho de que los furibundos argumentos contra la decisión del pueblo catalán hayan llegado a las tablas del Teatro Falla en el concurso de agrupaciones del Carnaval de 2013. Un total de tres agrupaciones han tratado el tema en sus letras, y dos de ellas han hecho gala de un orgullo patrio cuanto menos exacerbado, lo que ha tenido más aplausos de los que considero oportunos, y por supuesto está generando ciertas reacciones en los medios catalanes.
La comparsa El rey burlón, que estará en la final, presentó un pasodoble titulado "Demando la independencie", cantando primero en un supuesto catalán (que ya podían haberse molestado en traducir al catalán de verdad, que se entiende de igual manera), haciendo una recopilación de los chascarrillos más clásicos sobre el deseo de independencia catalán (que la pela es la pela, y tal) y tirando de un nacionalismo que si Franco siguiera vivo le habría hecho saltar de su sillón para aplaudir con gran ímpetu. Curioso además que utilice como rasgo definitorio andaluz el arrimar el hombro y trabajar, cuando la fama gaditana es más bien la contraria (otro más de tantos estereotipos, al que rápidamente se puede responder con la forma en que han cerrado sus actuaciones Los recortaos, otra de las grandes ausentes en la final).
Por otro lado, La voz de la conciencia, comparsa de Úbeda, con su pasodoble "Si se quieren ir" conminan a la comunidad del norte mediterráneo a abandonar el país llamándoles "manzanas podridas" y acusándoles de altanería y de despreciar a Andalucía. Si bien muchos dirigentes catalanes han despreciado al pueblo andaluz en muchas ocasiones, tachándonos de incultos e ignorantes, no recuerdo sucesos de este tipo en el último año, y menos aún del pueblo catalán en su conjunto. Y ese "sentirse extranjero" en las tierras "tan bonitas" de Cataluña que también cantan y que tan manoseado está ya en las tertulias de los bares con el clásico "allí vas y por cojones te hablan en catalán". Yo por mi parte me pregunto dónde habránn ido tanto los integrantes de esta comparsa como la mayoría de la gente que esgrime este argumento, pero la verdad es que en mis breves y escasas estancias en Barcelona no me he encontrado con este problema, sino más bien con lo contrario, viendo como hacen un esfuerzo por dirigirse a mí en castellano, o incluso a otros catalanoparlantes en una conversación de la que yo forme parte, para que pueda entender lo que dicen. Así afirmo que, al menos desde mi experiencia, ese "sentir" me suena más a chascarrillo ocasionado por un par de malas experiencias (patosos hay en todos los lugares) que a una realidad.
Sin embargo, estos argumentos se reproducen cada vez más a menudo, aumentando el clima de crispación hacia el pueblo catalán, una comunidad en una situación no muy dispar de la andaluza, que si bien anda por debajo de nosotros en niveles de desempleo, no anda muy lejos, y en la cual los índices de pobreza alcanzan ya casi al 25 por ciento de la población. Y si algo se ve en ellos es una gran falta de empatía, ya que nadie parece hacer un intento por comprender sus razones, y una falta de fundamento en esas críticas que algunos abrazan para considerarles ofensores de la patria a nivel incluso personal.
Gran parte del problema parece provenir de un desconocimiento de ciertas normas básicas del derecho por gran parte de la sociedad. Por un lado, está el hecho de que "los catalanes reniegan de la lengua oficial". Gran falacia, ya que la Constitución española en su artículo número 3 establece que la lengua oficial en España es el castellano, aunque "las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos". Por tanto, en Cataluña el catalán es igual de oficial que el castellano, por mucho que a algunos pueda disgustarles este hecho. Por otro lado, y más importante aún, está el concepto de soberanía.
La soberanía es un concepto que emerge del pueblo, el mismo que elige su forma de gobierno y gobernantes. La Constitución española está escrita por un constituyente que representa esa soberanía, esa sociedad. Y por tanto el pueblo español es el único responsable de ese documento y de la validez del mismo.
Al mismo tiempo, el pueblo catalán tiene su derecho a considerar válido o no su sistema de gobierno e identidad y a hacer lo que considere propicio para alcanzar una forma de gobierno que consideren adecuada. De esta manera, la decisión de si se sienten españoles o no no recae en madrileños, andaluces o leoneses, por decir algo, sino en ellos mismos. Y lo que el resto vengamos a decir, tiene poco que ver.
Pero a pesar de no contar para nada, y más si cabe por esta razón, resulta triste ver como tantos andaluces, y algunos con un alcance en nuestra sociedad como el que están teniendo estas agrupaciones en el Falla, hacen esa apología del odio, respondiendo al sentir de una población con descalificaciones e insidias.
Si bien no estoy a favor de la independencia de Cataluña (aunque admito que mi voz pinta lo mismo en su decisión de independizarse o no que en la de Escocia o cualquier otro lugar al que no pertenezco), las razones de tipo cultural que manifiesto son estrictamente egoístas, ya que percibo, como tantos otros españoles, la existencia de diferentes culturas como puedan ser la catalana, la andaluza o la vasca dentro de un mismo país como un elemento enriquecedor y no distanciador. Resulta interesante que en nuestro país se hable más de una lengua, o que haya fiestas y tradiciones tan dispares como las que pueden encontrarse en cada región. ¿Quién querría conocer otras regiones de un país que ofrece exactamente lo mismo en todas?
Sin embargo, este hecho se emborrona por la concepción nacionalista que niega el raciocinio ante cualquier persona que pueda disentir en ese sentimiento de pertenencia al estado español.
Si bien, por razones políticas y económicas puede ser reprochable la conveniencia de su secesión, el derecho a decidir de un pueblo debe ser respetado por el resto, que en este debate no somos sino voces desautorizadas movidas por nuestro desconocimiento. La venganza y el odio no tienen sentido ante la autodeterminación de otro pueblo si este desea emprender su propio rumbo constituyente. Y lo único que se puede reprochar a la población catalana no es su "deslealtad a la patria", esa misma patria con la cual tantos andaluces de igual manera no se sienten representados o que no significa nada para otros tantos, sino porque la corrupción de sus instituciones es tan grave y extensa o más que la de las otras comunidades y que los políticos que se ofrecen para guiarles en su viaje hacia un nuevo estado no son tan pulcros como se muestran.
Esta tesis era la que defendía la chirigota Contigo aprendí en su pasodoble dedicado al pueblo catalán, que muestra como iguales a andaluces y catalanes y como absurda la comparación y competencia, y en la que el único apunte que hace respecto a su separación en caso de que el pueblo catalán así lo quiera, es que tengan cuidado con sus políticos, que son tan malos como los nuestros. Y sobre todo una idea: la soberanía del gobierno catalán reside en el propio pueblo catalán, y es él por tanto el que tiene que guiar su rumbo, coincidan sus intereses o no con los del resto del país.

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